Ella era así, el fuego y el hielo, la luz y la oscuridad. La vista y el tacto, y el gusto, el oído y si se lo proponía, hasta el olfato. El insomnio y el café, ambos por igual.
Era brillante, sin nada que envidiarle a un hermoso diamante. Era la risa más contagiosa, el llanto más amargo. Ella era la más poética de las palabras.La más magnética e intrigante. Ella era el azúcar y la sal. El Sol y la Luna.
Él era así, el calor de un hogar, la leña crujir bajo el fuego. Él era todo sueños e ilusas utopías. Era tus pies, tu guía. Tus ojos, si era eso lo que le pedías.
El era apertura, huracán y mar abierto. Tan amplio como su espalda, tan hermoso como su alma. Él era el más fuerte de los ecos, el más suave de los tactos.
El terciopelo, la seda entre los dedos.
Él era el verano y el invierno. El Norte y el Sur.
Él necesitaba de ella para sonreír, y ella necesitaba de él para brillar.
Magnéticos eran. Un universo paralelo, un paraíso perfecto.
Eran dos para ser uno. Eran uno dividido en dos.
Era brillante, sin nada que envidiarle a un hermoso diamante. Era la risa más contagiosa, el llanto más amargo. Ella era la más poética de las palabras.La más magnética e intrigante. Ella era el azúcar y la sal. El Sol y la Luna.
Él era así, el calor de un hogar, la leña crujir bajo el fuego. Él era todo sueños e ilusas utopías. Era tus pies, tu guía. Tus ojos, si era eso lo que le pedías.
El era apertura, huracán y mar abierto. Tan amplio como su espalda, tan hermoso como su alma. Él era el más fuerte de los ecos, el más suave de los tactos.
El terciopelo, la seda entre los dedos.
Él era el verano y el invierno. El Norte y el Sur.
Él necesitaba de ella para sonreír, y ella necesitaba de él para brillar.
Magnéticos eran. Un universo paralelo, un paraíso perfecto.
Eran dos para ser uno. Eran uno dividido en dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Básicamente, la cosa es así.